En
Roma se produce la ruptura completa entre los ejercicio atléticos y los
ejercicio higiénicos. En la palestra los jóvenes romanos practicaban
una gimnasia (salvando las distancias) parecida a la sueca. Los juegos
atléticos tenían en Roma un carácter de espectáculo. Los jóvenes Romanos
sólo frecuentaban el anfiteatro como espectadores, dejando estas
prácticas en mano de profesionales reclutados entre los pueblos
bárbaros.
El ciudadano Romano promedio creía que el ejercicio era solamente
necesario para la salud y pare el entrenamiento bélico. No se
vislumbraba el valor de juego como algo placentero durante el tiempo
libre.
Se competía en
natación, lucha y atletismo, todo hacia un desarrollo físico de los
jóvenes romanos con fines militares. En el hogar los padres le enseñaban
destrezas físicas necesarias para la milicia, tales como el uso de la
espada, lanza, el escudo, la jabalina y la monta de caballo.
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